viernes, 19 de agosto de 2011

Ni el tiro del final les salió

Por Víctor Ego Ducrot
Director de la Red de Observatorios Universitarios de Medios

Ni el tiro del final, como dice el tango, le salió al Grupo Clarín, y si le salió, indudablemente fue por la culata, porque, horas antes de los comicios que le dieron una victoria aplastante a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, la batería de agresiones orquestas desde su bunker de producción simbólica, que tiene larga y profunda data (ver los últimos informes de nuestra Red: Elecciones presidenciales 2011 ), intentó una suerte de soñada estocada artera (ver diario Clarín del 18-08-11: “Revelan espionaje oficial sobre políticos y dirigentes”). Sin embargo, la ciudadanía dio su veredicto conforme lo establece la ley y no bajo las consignas que pretende marcar a fuego sobre la conciencia colectiva de la sociedad el entramado corporativo.

Esa última afirmación fue resaltada el día lunes 15 por Tiempo Argentino: ver “El gran derrotado no es Duhalde o Alfonsín, sino Magnetto”, por Víctor Hugo Morales; “Se acabaron las palabras”, por Hernán Brienza; y “El logro es de Cristina”, por Roberto Caballero. Ese mismo día, el siguiente a las elecciones primarias y obligatorias, en la que una sola de sus protagonistas, la jefa de Estado, dio muestras de su capacidad de interlocución con el entramado social, Clarín intentó ser cauto (el aluvión de votos los paralizó): ver “Rotundo apoyo a Cristina y alta participación electoral: la candidatura de la Presidenta obtuvo el 50 por ciento de los votos y dio un firme paso para su reelección. La oposición mostró en las urnas su marcada fragmentación. Votó el 77 % del padrón”, por Walter Curia.

Sin embargo, uno de las más empinadas plumas al servicio de la estrategia del Grupo, Eduardo Van Der Kooy, no pudo contra su estirpe. En su columna del día después (“El mejor escenario para Cristina en su búsqueda de la reelección”) continuó transitando las cornisas de la desvalorización y del insulto a la líder del oficialismo (“…a la Presidenta no le ha pasado el estado de gracia política al que fue llevada por la súbita muerte de Néstor Kirchner (…). Pero queda instalada la duda de cuánto tiempo logrará conservar esa cordura (…)”.

El tiro por la culata del grupo oligopólico encabezado por sospechosos de comisión de crímenes de lesa humanidad (Ernestina Herrera de Noble y Héctor Magnetto) pone escena de teoría aplicada un principio que enuncia el modelo Intencionalidad Editorial, utilizado por los Observatorios que componen esta Red. El mismo postula lo siguiente: la capacidad de eficacia de los medios de comunicación como disciplinadores de las conductas sociales es inversamente proporcional a la fortaleza con que irrumpen en la escena tangible los sujetos y los actores que le dan vida y encarnadura al entramado cultural sobre el cual la producción simbólico mediática interviene.

Podemos ensayar entonces que, ante su dependencia respecto de la existencia y acción de sujetos y actores tangibles, la tradición del periodismo hegemónico, de un alto grado de eficacia para producir y reproducir sentidos en orden a la naturaleza de los intereses de clase al cual ese periodismo responde, como componente orgánico de los grupos dominantes, demuestra que esa eficacia sólo es registrable en la medida en que el sistema de producción de contenidos oculte su parcialidad (sus intereses), convirtiéndolos en “intereses universales”, mediante la invocación de una falsa objetividad mitificada; o bien, en los escenarios en los que la sociedad crece en densidad y volumen democrático, el tal sistema apele a la honestidad intelectual-operativa y a enunciar con claridad cuál es su parcialidad, su posicionamiento editorial, mediante la selección de agenda y voces o fuentes y a través de las gramáticas o modos discursivos.

En el marco de la experiencia argentina desde 2003 a la fecha –proceso de inocultable densidad democrática- el Grupo Clarín y sus socios del oligopolio mediático no pueden emplear los mecanismos de conversión de un interés particular en interés universal, ni tampoco adoptar los criterios de honestidad intelectual-operativa que las circunstancias históricas reclaman. Así, queda en evidencia que esa trama comunicacional es actora directa, y de peso hegemónico, en la puja por el poder, no ya expresando posiciones de determinados grupos u actores, sino los suyos propios. El principio interpretativo de los limites en materia de eficacia mediática como disciplinadora social – sintetizado en párrafos anteriores – se registra, hasta ahora, con una vigencia incuestionable, podríamos afirmar que, a Clarín, ni el tiro del final le va a salir.

Pero no vale la pena tener demasiadas expectativas en torno a la posibilidad de un acto reflexivo por parte de los monopolios. En momentos en que este artículo llegaba a su fin, el canal de noticias TN (a las 21.15 del día 15 de agosto de 2011) difundía en forma machacona una suerte de “día de furia”, al cubrir una demanda callejera en el distrito bonaerense de Morón, en reclamo de seguridad. TN construyó la información apelando a la mención de delitos cometidos en días anteriores, insistiendo con la imagen del auto baleado de una de las víctimas.

No es este el espacio capacitado para analizar cuestiones de seguridad, sí para revisar cuál es el procedimiento de los medios y del proceso de criminología mediática que tanto mal le hace al conjunto de la sociedad. No hay caso, los oligopolios de la palabra son incorregibles.