miércoles, 25 de agosto de 2010

Fibertel, Cicerón y nosotros los ciudadanos

Columna de Víctor Ego Ducrot, publicada hoy en el diario Tiempo Argentino, de Buenos Aires.

A veces me desanimo y pienso que quienes nos dedicamos a ciertos menesteres teóricos sobre la comunicación y el periodismo apenas si lo hacemos sobre temas hace mucho tratados por otros, y por cierto un millón de veces mejor. O que simplemente nos abocamos a nominar con voces nuevas hechos que ya tenían nombre; o, en el mejor de los casos, a sintetizar aquellos antiguos saberes en orden a nuestro mundo de formidables tecnologías, como si éstas no fueran eso, tecnologías, herramientas o instrumentos de intervención sobre el escenario de la práctica, sobre el horizonte del conocimiento.

Fíjense si no. En su libro “Los hilos y las huellas”, el filósofo italiano Carlo Ginzburg nos recuerda que en los poemas homéricos aparece el término enargés como “presencia manifiesta (de los dioses)”, casi siempre asociado al adjetivo argós, que significa “claro y brillante”; lo que se trataría de una constelación de significados en torno a la antiquísima expresión enárgeia o “claridad y vividez”. Desde el ámbito de la retórica, Cicerón usó ilustratio et evidentia como sinónimo de enárgeia, “que parece no tanto decir cuanto mostrar una cosa, como si estuviéramos asistiendo al desarrollo mismo de los hechos”.

Lo apasionante de todo esto es que podríamos caer en el error de suponer que tamañas especulaciones sólo referían al texto escrito por el historiador o las palabras dichas por el orador. Sin embargo, ya Platón, en su diálogo “El político”, escribe: “nuestro discurso, precisamente en cuanto representación de una figura viva, da la sensación de haber reproducido bastante bien los rasgos exteriores, sin todavía haber logrado, por lo demás ese relieve (o enárgeia) que se obtiene con los pigmentos y con la mezcla de colores”.

El filósofo griego nos habla así, ya no de textos sino de imágenes pictóricas. ¿Inquietante, no? Imaginen por un instante trasladar las ideas de historiador y de orador a la de periodistas que escriben para un papel impreso y para una página digital, o dicen por radio; y la idea de “pigmentos y mezclas de colores” a la de imágenes de video y televisión. Llegamos a concluir entonces que el desánimo al que me refería en el primer párrafo de este miércoles – por fortuna desánimo devenido inquietud y estímulo- pasaría por constatar que ya Homero, Cicerón y Platón se adelantaron a lo que de alguna manera podemos insistir en denominar teleología o doctrina de las causas finales de las prácticas mediáticas.

Y para que el devenir en inquietud y estímulo puedan justificarse ante sí mismos, pues no hace falta que lo hagan ante el planeta íntegro de las emociones, me atrevo a añadir que, desde las reflexiones que hacemos algunos acerca de las condiciones y fines mismos de toda puesta en escena periodística, aquella enárgeia que parece no tanto decir cuanto mostrar una cosa, como si estuviéramos asistiendo al desarrollo mismo de los hechos, siempre aparecerá teñida por la parcialidad y el punto de vista valorativo del medio o periodista que construya información o noticias, siendo una práctica recomendable en términos de democracia contemporánea que tales parcialidades y puntos de vista valorativos sean explícitos y enunciados por el constructor de la información y las noticias; no sea cosa que…Que suceda lo que nos sucede a los argentinos y a las argentinas, estoicos y estoicas víctimas consuetudinarias de los embates del terrorismo mediático.

Los mismísimos popes de Fibertel admitieron oportunamente ante sus interlocutores del mundillo bursátil que no cumplían con el ordenamiento normativo. Este diario informó ayer en su primera plana que el Alcalde de la ciudad de Buenos Aires, quien hoy defiende a capa y espada al Grupo Clarín, admitió el año pasado que la proveedora de Internet en cuestión era ilegal. El gobierno nacional tomó medidas para aplicar la ley tal cual lo proclama el tan mentado principio de seguridad jurídica; resolvió en forma oficial para que las prestadores que fueran a elegir los usuarios de Fibertel cumplan con todas las condiciones contractuales; dispuso de plazos razonables para el reordenamiento del mercado y puso a disposición de los consumidores una línea telefónica para localizar dudas y consultas.

Nada le bastó a la corporación mediática y a sus sirvientes de la llamada oposición. Las páginas de los diarios Clarín y La Nación se convirtieron en portavoces oficiales de sus propios intereses empresarios y, lo que es mucho peor desde el punto de vista de la teleología de las prácticas periodísticas, desinformó y mintió a sus lectores, como viene haciéndolo en forma sistemática en torno a casos que podrían implicar delitos de lesa humanidad, como lo son el de los sospechados hijos de doña Ernestina y el de Papel Prensa, sobre el cual, a la hora de escribir este encuentro de los miércoles, se aguardaba un informe oficial.

Poco puede asombrarnos semejante conducta si pudimos ver y oír a través de la pantalla de TN cómo los operadores de Magnetto, Eduardo Van Der Kooy y Julio Blanck, calificaban de relatos de los Kirchner a los hechos referidos a Papel Prensa, que han sido revisados por una investigación oficial y podrían concluir en actuaciones judiciales por delitos imprescriptibles que la doctrina aceptada por la ONU califica como típicos del terrorismo de Estado. De esos dichos a la complicidad ideológica, la misma que la dio forma cívico - militar a la última dictadura, hay un paso; el mismo único paso que separa a la razón y al análisis del asco.

Idéntico asco intelectual provoca constatar la forma servil en que se inclinan los medios oligopolizados y hegemónicos ante las diatribas de la señora Carrió, quien sólo es dirigente política gracias a sus eternas giras ante cámaras y micrófonos, contra las instituciones de la Constitución, contra el Derecho Penal y contra la misma razón. Sólo aceptando como dato cierto la perversión teleológica del discurso, perversión que nos vuelve a hablar de ciertas complicidades ideológicas con los genocidas, puede comprenderse que Carrió acuse a la presidenta de la Nación de terrorista de Estado y de inventora de causas de Derechos Humanos.

Es probable que me quede algo de capacidad para la nausea cuando oigo al señor Solanas sobre sus posibles acuerdos con la señora Carrió o cuando utiliza los argumentos y los escenarios de las corporaciones mediáticas para atacar al gobierno por el simple hecho de que éste intenta hacer cumplir las leyes; pero prefiero reservar la energía para asegurar que el barbarismo de semejantes personajes y prácticas periodísticas sólo podrá ser superado si los ciudadanos y las ciudadanas, los habitantes todos de este país, apelamos a la memoria, expulsamos las perversiones teleológicas y le prestamos un poco de atención a aquellos viejos sabios que nos hablaban acerca de la enárgeia como “claridad y vividez” y de la ilustratio et evidentia a la hora de relatar la vida.