miércoles, 30 de junio de 2010

Rousseau y nuestra Ley de Medios

Por Víctor Ego Ducrot

Artículo publicado hoy en el diario Tiempo Argentino, de Buenos Aires.

No supe hasta último momento sobre qué punto pararme para intentar este puñado de ideas a compartir, primero con ustedes, lectores, pero también conmigo mismo, mientras voy dándole forma de letras. Porque si existe algo irrefutable en toda historia, en todo relato, es que ninguno se agota en sus primeros trazos; en forma permanente se reescribe, se discute a sí mismo, más allá de las zozobras de cuerpo y alma que puedan sufrir los afanosos y afanosas de la trascendencia, entendiéndola a ésta como aquello que está más allá de los límites naturales y desligado de ellos.

De cara al mapa de medios, a la realidad comunicacional que se nos abre a los argentinos tras la destrabazón estructural de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, porque la Corte Suprema le dijo no a la patria mendocina de los amparos y porque la Cámara Federal de Salta obró en consecuencia con una pretensión similar de primera instancia; de cara a esa nueva realidad, decíamos, la plena aplicabilidad de la misma es ya un dato insoslayable; y digo aplicabilidad porque vigente siempre estuvo siempre, desde su aclamación en el Congreso y posterior promulgación por el Ejecutivo.

Y que no nos vaya a suceder lo que tanto tememos quienes en forma más que conciente, o por pasión, no viene al caso, nos dejamos llevar por la experiencia maravillosamente metafísica del fútbol como espacio de alegría popular, que perfectamente sabemos del bajón, del estado puerperal que nos aguarda a la vuelta de la esquina, cuando el Mundial llegue a su fin, mas allá del resultado que alcancen dios, la mano y sus profetas, sin lugar a dudas encabezados en espíritu y tozudez por el nacido en el pesebre de Fuerte Apache.

En otras palabras, que la obtención de la ansiada ley que democratiza la palabra, con la portentosa significancia que ello tiene en términos de distribución de poder para el debate y la imposición de valores organizativos de la sociedad, no nos tome desprevenidos; y en orden a continuar con la metáfora futbolera, no nos lleve a olvidar que aquella metafísica como espacio de alegría popular es un juego colectivo, de pases, gambetas y triángulos, siempre entre los de la misma camiseta. Si no, los contrarios se nos vienen de contragolpe, a la carga Barracas, y con un zapatazo bien colocado nos dejan, chau, fuera del Mundial.

El gobierno nacional dio muestras suficientes de su vocación al poner en acto de Estado toda la potencia de miles de actores y sujetos que durante años trabajaron en forma consecuente para acabar con lo dejado por la dictadura en términos de radio y teledifusión, y acomodado en muchos casos por las debilidades o complacencias de los gobiernos constitucionales que actuaron desde el ’83 hasta el actual, que hizo lo que hacía falta hacer: intervenir en términos políticos e institucionales para que los argentinos tengamos un orden jurídico comunicacional tan democrático - por su proceso de gestación y contendidos - que resulta difícil encontrarle antecedentes de justa equivalencia.

Hace pocas horas, la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA), que pertenece a la órbita del Ejecutivo, dijo por boca de su titular, Gabriel Mariotto: la ley de medios es un desafío para que las expresiones culturales se manifiesten sin ninguneo…comienza la elaboración participativa de normas para reglamentar los artículos que sí requieran de decreto reglamentario para poder aplicar. Esta elaboración consiste en consultar a los ciudadanos que quieran hacer los aportes para fortalecer el texto de ese reglamento y la página electrónica del AFSCA va a recibir esos aportes, para lo cual también está abierta la mesa de entradas de nuestro organismo, en Suipacha 765, en el centro de Buenos Aires.

Esos dichos encierran una nueva vuelta de tuerca en términos democráticos. Habrá que cumplir con un arduo ejercicio de memoria o con un minucioso estudio de archivos para encontrar experiencias similares en torno al proceso de reglamentación de una ley, que, debemos recordarlo, es atributo del Poder Ejecutivo: la convocatoria a la ciudadanía en su conjunto para que formule y presente los aportes que crean convenientes a ese proceso de reglamentación es una experiencia inédita y portentosamente republicana; es casi una recuperación del estado natural del principio de soberanía popular, porque le da la palabra a la totalidad del pueblo y hace estallar por los aires una práctica tan universal como perversa de las democracias formalizadas o cristalizadas, el reemplazo del ciudadano por las corporaciones influyentes.

Podemos decir entonces que la convocatoria del Ejecutivo a través del AFSCA significa una nueva prueba del alcance republicano de la ley de medios, que excede incluso a su materia específica, para expandirse sobre el conjunto de las prácticas legislativas y de gestión administrativa.

La nueva ley de medios es entonces, y continúo con la metáfora futbolera, la camiseta de todos y todas los que estamos por un país en diversidad y autonomía de la palabra, contra los poderes oligárquicos. Sin intención alguna de clasicismo, ni mucho menos de ingenuidad naturalista, que tan sólo con ciertas pretensiones de ejemplo básico y elemental, es que se me ocurre aquí recordar (nos) al Contrato Social de Rousseau: alcanzado un acuerdo estratégico entre los ciudadanos y ciudadanas democráticas, que somos mayoría, reconozcamos sí las diferencias de matices, incluso por marcadas que sean, y actuemos en términos de resolución de conflictos, pero dentro del Contrato; dicho de otro modo, dentro de la Ley de Medios todo, fuera de ella nada.

No se trata, no, de una declaración de principios. Es dable considerar que estamos ante una urgencia política tangible, comprobable. El oligopolio, con el Grupo Clarín a la cabeza y como todo sujeto de poder registrable en la Historia, no cederá sus privilegios por gracia divina ni por decisión propia. Sus privilegios serán cosa del pasado cuando el conflicto con la democracia se resuelva en favor de ella, y ese es un escenario de confrontación inscripto en la dimensión de lo político, con actores concretos y correlaciones de fuerzas constatables.

El oligopolio entonces prepara su contraataque e incluye como prioritarias todas las maniobras tendientes a dividir el campo de nuestro nuevo contrato social; hasta querrán “corrernos por izquierda” y para ello estarán dispuesto a darle voz a lo ingenuos y a los no ingenuos que quieran separar aguas en ese mar de voluntades que le dio forma y vida a lo que supimos conseguir.

Entonces, y como punto final, atención con las gambetas de los contrarios; que no nos encuentren mal parados y proclives a ser víctimas del amague rápido. Por eso, y disculpen por la reiteración: dentro de la ley de medios todo, fuera de ella nada.